Yo os aseguro: si alguno guarda mi Palabra,
no verá la muerte jamás"
Jn. 8,51
La hermana Rosa Oquendo, murió como vivió en el silencio de una vida sencilla y oculta.
Había nacido en 1914 en Dabeiba - Antioquia, en ese momento, perteneciente a la Prefectura Apostólica de Urabá, dirigida por los Padres Carmelitas.
Ingresó en nuestra Congregación en 1932 e hizo su primera profesión en 1933.
Urabá fue testigo de su espíritu misionero, entregando todo de sí a las gentes de estas tierras, donde vivió sus primeros años de vida religiosa de 1934 a 1951, en las comunidades de Riosucio – Chocó, Unguía – Chocó, Ituango y Turbo.
Luego compartió la vida en la Escuela de Trabajo San José, Clínica Santa Ana, Seminario Monticelo, Casa Provincial, Sabaneta, La Estrella, San Juan del Cesar, Venecia, Sopetrán, San Antonio de Prado y Monte Carmelo.
En ella podemos destacar su espíritu de servicio, su capacidad de sacrificio, su auténtico sentido de pobreza, su responsabilidad, su laboriosidad en medio de la alegría y la jovialidad.
Una mujer fervorosa, puntual en los actos de comunidad; amó a la Santísima Virgen y dio testimonio de ello en sus conversaciones y en su canto.
Amenizaba la liturgia con la música y el canto, y lo hacía con espíritu de servicio comunitario; de igual manera, ponía a disposición de la comunidad sus habilidades culinarias.
Sufrió mucho en especial con las situaciones familiares, por la violencia política de su región, donde se vieron perseguidos y perdieron la vida muchos de los suyos; este dolor lo llevó siempre consigo, pero desde su espíritu reconciliador, perdonó de corazón.
Amó profundamente la Congregación y siempre se sentía miembro agradecido de la misma y de la Orden del Carmen.
Mantuvo una relación de cercanía y cariño con las personas y las obras de los Padre Carmelitas y Terciarios Capuchinos, con quienes trabajó en varios momentos.
Gracias Señor por la vida de nuestra hermana Rosita; admítela en tu presencia como intercesora por la Congregación y la Provincia.