Yo os aseguro: si alguno guarda mi Palabra,
no verá la muerte jamás"
Jn. 8,51
Desde el día 7 de enero de 2011, a las 6:45 de la mañana, Hna. Angela Bedoya Montoya (María de los Angeles) de la Niña María, disfruta de la plenitud del amor en el Señor Jesús, a los 86 años de edad y 58 de vida consagrada, en la Comunidad “Nazaret” San Antonio de Prado–Medellín (Antioquia) Colombia.
Hna. Ángela había nacido en Ituango (Antioquia) Colombia, el 3
de marzo de 1924. Inició su andadura como Carmelita Misionera el 24 de enero de 1951, cuando entró al postulantado; pasó al noviciado el 26 de julio de 1951 y profesó el 28 de julio de 1952.
Su vida habla de Plenitud, de realización vocacional, de gozo, de sencillez y humildad, de una vida oculta en la cotidianidad de las comunidades por donde pasó: Bello, Dabeiba, Medellín-Seminario carmelitano, Envigado-colegio benedictino, Venecia, Sopetrán; Medellín-Noviciado, Cartagena, Medellín-Casa Provincial, La Estrella-Coimbra, Arauquita, Vijagual, San Juan del Cesar y San Antonio de prado donde culminó su existencia.
Se caracterizó por su sencillez, humildad, serenidad en los momentos difíciles e incluso en los momentos cercanos a su muerte. Fue una mujer íntegra, servicial al extremo, como ángel de paz nunca se le escuchaban críticas de sus hermanas, abierta a los procesos de renovación en la vida consagrada aunque le exigiera esfuerzo y nuevas adaptaciones. Era evidente su armonía interior y su fina caridad, por su relación con el Señor Jesús, su filial devoción a San José y a la Santísima Virgen; a ellos entregaba las necesidades de su familia, de las hermanas, de la Congregación y la Iglesia.
Cuando ya la enfermedad, cáncer de pulmón, que había sido diagnosticado en el mes de agosto, empezó a hacerse notoria, no disminuyó su entereza y entrega en la oración, el agradecimiento y la sonrisa amable para quienes estaban cerca de ella especialmente sus hermanas de san Antonio de Prado, quienes la cuidaron día y noche durante estos meses.
Al enterarnos de su Pascua nos brota del corazón una acción de gracias al Dios Cercano y Misterioso que hace sentir su presencia a sus elegidos en todas las etapas de la vida. Gracias Angela, por habernos permitido conocerte, vivir contigo y crecer en sentido de pertenencia Congregacional que te acompañó siempre.