Las Carmelitas Misioneras hemos nacido de una familia religiosa: el Carmelo Teresiano, cuya misión especial es la promoción de la vida espiritual.
Nuestro Padre Fundador, Francisco Palau y Quer, vio la necesidad de vivir y promover la vida de oración como uno de los principales apostolados. Ayudar a las personas a cualificar su fe y a estar muy unidas con Dios en medio de los quehaceres diarios, es misión primordial de la Carmelita Misionera.
Nuestra vida consagrada es respuesta al llamado personal que Jesús nos ha hecho a cada una. Cada día recibimos de Él el don de la fidelidad a su gracia y a su predilección especial.
Vida contemplativa
Nuestra vida diaria se alimenta del trato amistoso con el Señor, orar es la tarea primera de toda Carmelita Misionera. La intimidad con el Señor se desarrolla en una relación personal de fe, esperanza y amor. Para nosotras, la vida diaria se convierte en oración.
Para ayudarnos a crecer en la vida de oración, contamos con la presencia de los Santos del Carmelo, quienes enriquecen la espiritualidad con su vida, mensaje y doctrina.
La presencia de María, vírgen y Madre, nos alienta en nuestro empeño de fidelidad. Ella inspira cada día nuestra respuesta al Señor; su sí se hace compromiso de vida para cada una de nosotras. Su actitud de servicio es inspiración e impulso en nuestra entrega misionera.