Para ser carmelita misionera, lo primero que se tiene en cuenta, es un llamado: el llamado del Señor que toca el corazón de la joven, para que desde su ser y hacer, pueda descubrir un camino de identidad vocacional, de respuesta a Jesús y de servicio a los hermanos..
Es el primer contacto de la joven con el Carisma del Carmelo Misionero. En este momento pretendemos brindarle una ayuda en el descubrimiento del proyecto de Dios en su vida; espacio ideal para que ella vaya reconociendo los signos de esta llamada y pueda discernir si realmente se encamina hacia la vida religiosa.
Vivido el proceso anterior, la joven entra a formar parte de una comunidad formativa. Allí no sólo tiene una intuición: empieza a tener certeza de ser llamada a este estilo de seguimiento. La comunidad la acompaña en este proceso de adaptación espiritual y psicológico a la vida religiosa, favoreciendo el nivel de instrucción humano-cristiana y brindándole los medios necesarios en su camino de madurez integral.
Noviciado
Es el período de iniciación a la vida religiosa carmelita misionera, en el que la joven fundamenta y profundiza la llamada de Dios. Vive una experiencia de integración comunitaria y participa en la misión. En este tiempo recibe una formación espiritual intensa, va adquiriendo una progresiva identificación con la persona de Jesús, por quien se siente atraída en su estilo de vida pobre, casto y obediente.
Se acompaña a la joven en esta etapa para ayudarle a fundamentar sus convicciones, favorecer una auténtica vivencia de los valores vocacionales y a adquirir una mayor coherencia entre la palabra y la vida. Finalizada esta etapa, la joven hace su consagración como Carmelita Misionera.
Juniorado
Es el tiempo de consolidar la opción de seguir a Jesús. De unificar la vida en el amor personal a Él y en la entrega al Reino, en el espíritu de la Congregación. Es tiempo para reafirmar la formación recibida y así lograr una síntesis de vida en lo personal, comunitario, contemplativo, misionero, intelectual y profesional, de cara al compromiso definitivo.
Formación continua
Esta etapa es privilegiada porque se abre un camino hacia laplenitud de la configuración con Jesús y la Iglesia. Es tiempo de crecimiento, integración coherente y unificación profunda de la vida como carmelita misionera.
En esta etapa se da una permanente revitalización de la gracia de la vocación en fidelidad al Evangelio y al espíritu del carisma, en las situaciones concretas y en las contingencias del existir cotidiano, atentas a los signos de los tiempos.