Yo os aseguro: si alguno guarda mi Palabra,
no verá la muerte jamás"
Jn. 8,51

El día 6 de mayo de 2010, a las 5:25 de la tarde, celebró su Pascua definitiva nuestra querida Hna. Yolanda Jaramillo, a los 89 años de edad y 67 de vida religiosa. Sin duda alguna fue providencial el que haya sucedido en pleno ambiente pascual, en el mes de la Santísima Virgen, en el atardecer, justo cuando declinaba el día, y en su querida comunidad de San Antonio de Prado, donde ella deseaba terminar sus días.
Yolanda fue modelo de alegría, de amor a la vida comunitaria y a la Congregación, de servicio desinteresado y generoso, de puntualidad y responsabilidad, de fidelidad a su vocación. También la vimos preparando los alimentos para las hermanas con un gusto poco común. Sabía animar y dirigir las comunidades con serenidad, se evidenciaba allí un liderazgo evangélico.
Durante los 67 años de vida consagrada como Carmelita Misionera, Yolanda prestó sus servicios en las comunidades de Medellín, Colegio “el Carmelo”, Sabaneta, Colegio “Ntra. Sra. del Carmen”, San Cristóbal, Dosquebradas, Clínica “Pereira”, Sopetrán, Frontino, San Juan del Cesar, La Estrella Centro de Espiritualidad, Santa Apolonia (Venezuela), Arauquita, Salgar, Vijagual, Medellín Casa Provincial, Dabeiba, Venecia, San Antonio de Prado.
Sin duda alguna, la comunidad que marcó definitivamente su vida y la lanzó a un apostolado específico dentro y fuera de la comunidad fue la de Envigado, Colegio “Santa María de los Ángeles” de los Padres Benedictinos, en donde aprendió a gustar, a vivir y a gozar intensamente la Liturgia. La vimos muchas veces preparando con entusiasmo las celebraciones litúrgicas de las grandes fiestas y con el mismo amor la de todos los días; conocedora de la Sagrada Escritura, la trasmitía con facilidad y pasión en la catequesis.
Su realización en la evangelización estuvo marcada por la educación, la pastoral parroquial y la atención a los pobres, en estos campos, se desempeñó con gran eficacia. Supo gozar de la amistad espiritual, entre los que se cuentan sacerdotes, profesionales, familias y las hermanas; los acompañaba y confortaba con su oración, consejos y comunicación frecuente.
Su enfermedad la asumió con fe, esperanza y aceptación, abandonándose a la voluntad de Dios.
Gracias Yolanda por lo que has significado, tú como Carmelita Misionera, por tu fidelidad al Señor, por tu apertura al cambio, siempre creíste que era posible una Congregación más vital y audaz.
Se cumplió tu meta: resucitar con Cristo para celebrar con todos los santos la liturgia del cielo.